¡Misericordia, Señor, Misericordia!

Lent is a time of reconciliation and fasting, prayer and sharing, of giving. It is a time of preparation to receive the risen God and conqueror of death. So let us think, in what ways and with whom can we manifest our reconciliation and conversion?

We are reconciled to God through confession. We all know and go to this sacrament, but is this the only way of reconciliation available? No, of course not. Every time we offer words of comfort, every time we stimulate and encourage others, we are reconciling with God.

How many times do we give hope, give our attention, give a smile, offer a hug, have a gesture to inspire confidence, and say we are with you; or do we provide a space to listen to others during so much division and indifference? In every one of these moments, we are reconciling ourselves with God.

Unfortunately, to the same extent and frequency that we reconcile ourselves to God, we can also contribute with our works and words to foster division, thus distancing us from the call to love our neighbor as ourselves and our good Jesus.

In today's gospel, we can read, "Some in the crowd who heard these words of Jesus said, "This is truly the Prophet."

Others said, "This is the Christ." But others said, "The Christ will not come from Galilee, will he? Does not Scripture say that the Christ will be of David's family and come from Bethlehem, the village where David lived?"

So, a division occurred in the crowd because of him." Every moment of the day that we use words to humiliate, sadden, irritate, ridicule, minimize, despise, sow doubt, show lack of love, and separation, we are helping to move away from the infinite love of God and fostering division. The saddest thing is that most of the time, we know it, and perhaps we do it with the futile and mundane goal of sympathizing with others and being "accepted." What a sadness! We sin "easily," trusting that God is always there for us, waiting for us with his merciful heart as "a prodigal son" to forgive us and once again welcome us as only a loving father as He knows and can do it. Today we are being invited to reflect amid these uncertain times that we have had to live during so much political and racial division, religious and power division. In the silence of our hearts and as the gospel quotes, let us ask ourselves, is the division between people increasing because of me?

With the simplicity of heart, let us present to our beloved Jesus our efforts, many or few, to reach an authentic and lasting conversion. Let us await his glorious Resurrection by reconciling ourselves with our neighbor, not like the false Pharisees who needed to be publicly recognized for "giving" their alms, convinced that their justice is correct, and despising the others around them. Let us do it through deprivation and poverty with fasting, humbly dialoguing with our Father in the silence of our hearts with prayer and turning a look and a gesture of love towards the wounded and needy man. These are the ways that allow us to embody a sincere faith, a living hope, and an active charity and live a Lent of renewal and spiritual preparation.

God the Father have mercy on us; we are sinners!
Expiate our guilt and forgive our sins.
Give us living water to drink to resist thirst in the face of worldly temptations.
Welcome and protect us; do not let us get away from you.
Make us firm in faith and constant in prayer.
We ask this in Jesus' name as we prepare for his glorious Resurrection!
Mercy Holy Father, Mercy!

Author: Yanexi Perez, Language Department


Spanish Translation:

La Cuaresma es un tiempo de reconciliación y ayuno; de oración y de compartir, de dar. Es un tiempo de preparación para recibir al Dios resucitado y vencedor de la muerte. Entonces pensemos, ¿en cuáles formas y a quién podemos manifestar nuestra reconciliación y conversión?

Nos reconciliamos con Dios a través de la confesión. Todos conocemos y acudimos a este sacramento, pero ¿realmente es esta la única manera de reconciliación disponible? No, por supuesto que no. Cada vez que ofrecemos palabras de consuelo, cada vez que estimulamos, alentamos y reconfortamos al prójimo; estamos reconciliándonos con Dios.

¿Cuántas veces regalamos esperanza, damos nuestra atención, regalamos una sonrisa, ofrecemos un abrazo, tenemos un gesto para inspirar confianza y decir estamos contigo; o brindamos un espacio para escuchar al prójimo en medio de tanta división e indiferencia? En todos y cada uno de estos momentos estamos reconciliándonos con Dios.

Desafortunadamente en la misma medida y frecuencia que nos reconciliarnos con Dios, también podemos contribuir con nuestra obras y palabras a fomentar la división; alejándonos así de la llamada de amar al prójimo como a nosotros mismos y de nuestro buen Jesús.

En el Evangelio de hoy podemos leer “En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Éste es verdaderamente el profeta”. Otros afirmaban: “Éste es el Mesías”. Otros, en cambio, decían: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?” Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús.” Cada momento del día en que usamos palabras para humillar, entristecer, irritar, ridiculizar, minimizar, despreciar, sembrar la duda, el desamor y la separación; estamos contribuyendo a alejarnos del amor infinito de Dios y fomentando la división. Lo mas triste es que la mayor parte del tiempo lo sabemos, y quizás lo hacemos con el vano y mundano objetivo de simpatizar con otros y ser “aceptados”. ¡Qué tristeza!, pecamos “con facilidad” confiando en que siempre Dios esta ahí para nosotros, esperándonos con su misericordioso corazón como “al hijo pródigo” para perdonarnos y nuevamente acogernos como solo un padre amoroso como Él sabe y puede hacerlo. Hoy estamos siendo invitados a reflexionar en medio de estos tiempos inciertos que nos ha tocado vivir, en medio de tanta división política y racial; religiosa y de poder. En el silencio de nuestro corazón y como cita el Evangelio preguntémonos, ¿se incrementa la división entre la gente por mi causa?

Con sencillez de corazón presentemos a nuestro amado Jesús nuestros esfuerzos, muchos o pocos; para llegar a una conversión auténtica y perdurable. Esperemos su gloriosa resurrección reconciliándonos con el prójimo, no como los falsos fariseos que necesitaban ser reconocidos públicamente por “dar” sus limosnas, convencidos que su justicia es la correcta y despreciando a los demás a su alrededor. Hagámoslo a través de la privación y la pobreza con el ayuno; dialogando humildemente con nuestro Padre en el silencio de nuestro corazón con la oración, y volviendo una mirada y un gesto de amor hacia el hombre herido y necesitado. Estas son las vías que nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante y vivir una Cuaresma de renovación y preparación espiritual.

¡Dios Padre, ten piedad de nosotros, somos pecadores!
Expía nuestra culpa y perdona totalmente nuestros pecados.
Danos a beber agua viva para resistir la sed ante las tentaciones mundanas.
Acógenos y protégenos; no permitas que nos apartemos de ti.
Haznos firmes en la fe y constantes en la oración.
¡Te lo pedimos en el nombre de Jesús, según nos preparamos para su gloriosa Resurrección!
¡Misericordia Padre Santo, Misericordia!

Autora: Yanexi Pérez, Departamento de Idiomas

Comments

Popular Posts